Cómo evitar inquilinos indeseables al alquilar

por | Agosto 16, 2017

El alquiler de propiedades

El trabajo del arrendador no es ninguna ganga -suicidas, ocupas, manchas de sangre, rentas irrisorias, o viviendas irrecuperables-, así que mejor protegerse previamente.

Del casero o arrendador sólo suele hablarse en términos peyorativos –bien porque ofrecen viviendas inhabitables, bien en casos de desahucios de familias en la pobreza-, sin añadir que muchos de ellos soportan situaciones límite por parte de los inquilinos. Recordemos que ya hemos hablado de los alquileres en el artículo sobre que los propietarios no quieren alquilar sus viviendas.

Tres casos reales de alquileres de casas ruinosos, por impagos o rentas antiguas

  • Casero de 55 años al que no contratan por ser portador de dos válvulas cardiacas, con inquilino de su edad en vivienda de 100 metros en el centro de Madrid. La media de alquileres en la zona es de 1.200 euros, pero paga 237 por gozar de un contrato anterior a la Ley Boyer. El propietario no podrá recuperar su casa hasta que mueran el inquilino y su esposa, por lo que, probablemente, fallecerá antes.
  • Casero, de profesión ceramista, que sobrevive a duras penas de su trabajo. Al morir su madre en el pueblo hereda su casa, que pone en alquiler por 425 euros. La inquilina resulta ser una desequilibrada que intenta suicidarse. La policía accede a la vivienda tirando la puerta blindada, que paga el propietario (750 euros).
  • Desde el Valle de Arán, un casero que arrienda la vivienda a un matrimonio con tres hijos, uno de ellos con una minusvalía. Cuando a los seis meses deja de recibir la mensualidad, descubre que no estaban casados, que los niños son de ella, y que el titular del contrato ha desaparecido. La mujer, que no trabaja y que por ley puede continuar en la casa, le comunica que no piensa pagarle los próximos cuatro meses, que ni la moleste si no quiere que le deje la casa destrozada, y que si se le ocurre demandarla, el juez no la va a dejar en la calle en su situación familiar.

La inmobiliaria especializada en inmuebles de alquiler en el Valle de Arán (Pirineos – Lléida) nos aconseja que siempre debemos de pedir un depósito y que debe de ser firmado por medio de algún banco para poder tener un aval consistente sobre la vivienda. Desde Puntet ya nos confirman que tuvieron muchos problemas en alquileres e incluso compra venta de locales comerciales en el Valle de Arán porno resguardarse y pedir avales de la Propiedad por medio de bancos… “Está bien que alguien compre o alquile un inmueble con dinero al contado, pero incluso de esta manera es necesario un aval bancario porque podemos llevarnos más de un susto a la hora de cobrar el importe requerido”

¿Cómo entregan y cómo devuelven los inquilinos las viviendas alquiladas?

La mayoría de los caseros intentan alquilar sus casas en buen estado –al menos por primera vez-, ya que cuanta más calidad ofrecen, mayor mensualidad pueden solicitar.

Sin embargo, se puede dar el caso de que el inquilino vaya deteriorándola, sin arreglarla porque no es suya, y sin darse cuenta de que, año tras año, dichos desperfectos se van sumando. A la hora de dejarla, a este abandono general hay que sumar el estado en el que quedan las paredes una vez retirados los muebles, los cuadros y las estanterías.

Y es en ese momento cuando el arrendatario exige que se le entregue íntegra la fianza, pero sin estar dispuesto a devolver la casa como la recibió: recién pintada, sin tacos ni clavos en la pared, con los tiradores de la cocina intactos o con los electrodomésticos en buen uso, entre otras cosas.

Es por ello que, como norma general, la fianza en raras ocasiones llega a cubrir los desperfectos ya que si, por ejemplo, se toma como referencia el precio de mercado para pintar una vivienda de nuevo, el importe superará casi siempre varias mensualidades de alquiler.

Por esta razón, según Idealista, en ocasiones los arrendadores alquilan de nuevo las viviendas con arreglos “chapuceros”, pues les resulta imposible renovarlas cada vez, dado el estado en que se las devuelven: con manchas de menstruación en el sofá estrenado por la arrendataria y que ha escondido bajo un cojín; con arañazos de perro –que no se admitía en el contrato- en las puertas de madera; con baldosas de la terraza partidas por la mitad porque los niños jugaban al baloncesto; con múltiples manchas de grasa en el parquet –carísimo de restaurar-, y con los pocos restos de platos, tazas y demás que hayan sobrevivido en la cocina.

alquiler viviendas

Casos de arrendadores o caseros malos y explotadores, y buenos que viven sólo del alquiler

Por tanto, dado que se tiende a considerar al arrendador o casero como un explotador sin corazón, conviene diferenciar entre tres diferentes tipologías:

  • El arrendador “empresario” con numerosas viviendas -una especie de agencia inmobiliaria-, que intentará enriquecerse lo más posible porque considera esta actividad su “profesión”.
  • Los privilegiados con un buen trabajo y vida desahogada, que han tenido la providencia –por herencia, por ejemplo- de hacerse con una o más viviendas, de las cuales reciben un suculento suplemento económico.
  • Y los numerosísimos casos restantes: caseras solteras o viudas de edad avanzada, personas en situación económica difícil que sobreviven gracias a dicho alquiler extra, pequeños ahorradores que se han hecho con alguna vivienda a buen precio y la han restaurado para poderle sacar un beneficio etc.

La solución: controlar impagos con un seguro de alquiler, equivalente a una mensualidad

Por ello, para valorar este especial trabajo, se comparará con el socio de una empresa. Este no cobraría los tres primeros meses (equivalente al repintado de la casa); estaría en paro a menudo sin saber cuando le volverían a contratar (periodos en los que la vivienda no se consigue alquilar); y aunque podría traspasar sus acciones, (es decir vender el inmueble) debería asumir que cuando el dinero se terminase no dispondría de pensión, ya que, aún habiendo declarado siempre el alquiler, no está permitido cotizar por este concepto a la Seguridad Social.

Por tanto, si se quiere lograr una mínima seguridad, rentabilidad y sobre todo tranquilidad en un alquiler, conviene suscribir un seguro de “inquilinato”, de “hogar alquiler” o similar (el nombre varía según la compañía de seguros).

Porque aunque su importe asciende aproximadamente a una mensualidad anual, será la aseguradora quien rechazará a los inquilinos poco fiables, quien indemnizará al arrendador en caso de problemas o impago, y quien emprenderá las acciones legales… tan lentas, estresantes y gravosas para un particular.

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